La Formula para dormir lo que se necesita.

La fórmula matemática para dormir lo que necesita

Si pasa mucho tiempo en la cama desvelado intentando dormir las ocho horas que recomiendan los expertos, ¡es probable que nunca lo consiga!

Y es que la solución al insomnio no pasa por esperar en la cama a que llegue el sueño, ni todos tenemos por qué dormir la misma cantidad de tiempo. De hecho, “para que todos tuviéramos que dormir ocho horas deberíamos, entre otras cosas, medir exactamente lo mismo”. Así de tajante se mostró el biólogo británico Henry Nicholls al presentar recientemente en Madrid su nuevo libro Duérmete ya.

La visión de Nicholls sobre los trastornos del sueño es muy novedosa e interesante ya que sus investigaciones toman como punto de partida su profesión como zoólogo, pero además es narcoléptico. Dos aspectos difícilmente compatibles cuando de lo que se trata, por ejemplo, es de ¡intentar no quedarse dormido mientras se observa a los leones!

Pero, entonces, ¿cuánto necesitamos dormir? Siguiendo las investigaciones de este autor, hoy trataré de ofrecerle la respuesta a esa importante pregunta para su salud.

Sabemos que el reloj biológico experimenta cambios relacionados con la edad (se duerme menos a medida que se van cumpliendo años) y con períodos vitales como la menopausia (las mujeres perimenopausicas y las postmenopáusicas tienen el doble de probabilidades de no dormir lo suficiente).

Además, aparte de la edad y de los cambios biológicos, la genética, el género, la forma física y ciertos hábitos (de ejercicio, de alimentación, etc.) también influyen en la cantidad y la calidad del sueño.

Por tanto, no todos dormimos lo mismo. Incluso en el reino animal el sueño difiere de una especie a otra (las cinco horas diarias de la jirafa no son nada frente a las veinte de la zarigüeya americana, por ejemplo), pero también dentro de la misma especie.

La importancia del sueño para la salud

Dormir desempeña una función primordial para asegurar el bienestar durante el día: es esencial para mantener las conexiones entre las neuronas (sinapsis) y para llevar a cabo funciones de aprendizaje, memorización y adaptación a circunstancias cambiantes.

Además, permite la reconstitución de las reservas de energía metabólica y repercute en la estimulación hormonal, la reconstrucción celular, el buen humor, la maduración cerebral, la salud del sistema cardiovascular, la recuperación física y psíquica… Dormir está lejos de ser una pérdida de tiempo, como ve. ¡No resta tiempo de vida, sino que lo suma! Tan cierto como que necesitamos el aire para vivir lo es también que debemos dormir lo suficiente. De hecho, dormir poco está asociado con una larga lista de efectos indeseados para la salud, como aumento del apetito, riesgo de obesidad, hipertensión, riesgo de contraer infecciones y de desarrollar depresión, así como un mayor declive cognitivo, entre otras graves enfermedades. Pero las medidas actuales para combatir el insomnio y otros trastornos del sueño son básicamente fármacos que no ayudan a largo plazo, ya que el organismo se acostumbra a ellos y desarrolla cierta resistencia. El problema, según Nicholls, está en la falta de formación de los médicos sobre los trastornos del sueño y la importancia de dormir bien.

Así, el autor indica que merece la pena acudir a un terapeuta del sueño. Además, propone algunas soluciones más allá de las ya conocidas de evitar el tabaco y el alcohol, de no ingerir alimentos pesados poco antes de meterse en la cama, etc.

El sol y los ritmos circadianos

Pero antes de hacerle llegar estas posibles soluciones para el insomnio, quiero hablarle de un elemento fundamental en la regulación del sueño: los ritmos circadianos.

La importancia del sol en nuestra salud es un tema ampliamente tratado, sobre todo en lo que respecta a nuestra capacidad de generar vitamina D mediante la exposición a él. Sin embargo, poco se dice acerca de la influencia que el astro rey tiene también sobre el sueño.

Y es que el sol es tan fundamental para la vida que nos hemos sincronizado con la rotación axial de la tierra respecto de él cada 24 horas en lo que se conoce como “ritmo circadiano”.

Nuestro reloj interno, en definitiva, funcionaría como una especie de reloj solar con una programación personalizada. El reloj de cada persona marca su propio ritmo “circadiano”, que en definitiva establece su sincronización (o la falta de ella) respecto de las horas de luz solar.

De hecho, puede haber tantos ritmos circadianos como personas. En un estudio realizado con moscas, y que el zoólogo recoge en su libro, se comprobó que la mayoría de ellas seguía un ritmo regular que se repetía cada 24 horas. Sin embargo, una de las cepas funcionaba en un ciclo más corto, de 19 horas, otra lo prolongaba hasta las 28 horas y en otra no era posible distinguir ningún ciclo. Los investigadores localizaron las mutaciones responsables de estas diferencias en un mismo gen al que llamaron “Período” y que… ¡también tenemos los seres humanos! (1)

Por su parte, la tarea de que los 40 billones de células de su cuerpo funcionen de forma coordenada la realizan los núcleos supraquiasmáticos (NSQ). Se trata de dos grupos hermanados de células situados en el cerebro, concretamente en el hipotálamo. Algo así como las manecillas del reloj que marcan el ritmo circadiano.

Cuando esta diminuta estructura opera al ritmo adecuado, perfectamente alineada con el periodo de 24 horas del sol, consigue prevenir la aparición de la somnolencia. Lo que ocurre es que el periodo medio del NSQ del ser humano es de 24 horas y 12 minutos y no de 24 horas exactas. Para corregir esta desviación se emplean distintas señales, siendo la más poderosa la de la luz.

De hecho, la luz del amanecer y del atardecer es azul, color al que el NSQ es especialmente sensible. Así, gracias a que esta luz se refracta al llegar a la atmósfera, el NSQ nos avisa de la salida y de la puesta del sol respectivamente antes y después de que estos fenómenos tengan lugar.

Numerosas manifestaciones fisiológicas, entre ellas el sueño y la vigilia dependen en un alto porcentaje del ciclo luz/oscuridad. La luz del sol nos despierta aun sin verlo y la del crepúsculo nos invita a dormir.

Y, aunque se trate del mismo azul, estas células distinguen entre la luz del alba (que nos activa) del azul del crepúsculo (que nos ralentiza). Asimismo, el NSQ analiza la luz a la que estamos expuestos durante todo el día para poder distinguir la natural de la artificial. ¡Impresionante!

De este modo, escribe Nicholls, “cuando el reloj biológico funciona de forma correcta, nos empuja fuera de la cama y nos lleva de vuelta a ella de tal manera que obtenemos una dosis de luz altamente personalizada para realizar las correcciones moleculares precisas que cada uno de nosotros necesita para ajustar el NSQ a 24 horas exactas”.

Las distintas sincronizaciones de este reloj explicarían, por ejemplo, por qué hay personas matutinas (o “alondras”) y personas vespertinas (o “búhos”).Desincronización extrema: trastornos del sueño

¿Se acuesta demasiado tarde? ¿Se levanta demasiado temprano?

Puede que esté experimentando algún fenómeno asociado a la desincronización extrema del ritmo circadiano. Algunos de estos trastornos son:

  • Acostarse a primera hora de la noche y despertarse a altas horas de la madrugada (lo que se conoce como síndrome del adelanto de la fase del sueño).
  • Acostarse y levantarse mucho más tarde que la mayoría de la gente (síndrome de la fase del sueño retrasada).

 

La buena noticia es que las personas con estos síndromes pueden ajustarse a su ritmo personalizado de 24 horas con una rutina propia, aunque esta se desplace y se salga de lo habitual. En otros trastornos circadianos, sin embargo, la rutina es un sueño inalcanzable.

Es lo que ocurre en el trastorno por ciclo vigilia-sueño diferente a 24 horas (No-24), en el que el proceso de desplazamiento falla por completo. De hecho, le suele ocurrir a las personas ciegas (si bien no les afecta solo a ellos) ya que, al no incidir la luz en su hipotálamo, el NSQ es incapaz de reflejar la cadencia del sol en el resto del cuerpo.

Entonces se produce una falta de sincronización por la que cada célula del organismo funciona a su propio ritmo.

Un ejemplo de esto sería el de una persona con un ciclo de 25 horas. Si quisiera dormir siete horas como la mayoría de sus amigos esto le supondría un esfuerzo enorme, ya que iría en contra de su propio ritmo. Y es que, como cada día el momento en que empieza a tener sueño se desplaza una hora, lo natural para esa persona sería dormirse y despertarse cada día una hora más tarde.

Pero como a veces es difícil hacer caso a lo que el cuerpo nos dice en una sociedad con horarios y rutinas bastante estrictas, seguramente tendrá que acostarse y levantarse (no necesariamente dormir) a las horas que suele hacerlo la mayoría de la gente. Por tanto, deberá luchar para mantenerse despierta cuando el cuerpo le dice que duerma y, en cambio, tratar de dormir estando realmente alerta. Esto puede conllevar muchas dificultades e incluso conducir al aislamiento.

Hay otras causas que impiden al organismo sincronizarse con el sol, y precisamente una de ellas está suscitando un gran debate en Europa en la actualidad: los cambios horarios. Según este autor, se trata de un jetlag que no hace ningún bien a nuestro cuerpo y que, desde una perspectiva biológica, habría que eliminar.

Y es que Nicholls asegura que con cada cambio de hora se requiere un ajuste metabólico de un par de días (como si realizásemos un viaje a un país con un huso horario distinto al nuestro). De hecho se ha demostrado, entre otras consecuencias negativas, que con el cambio en primavera aumentan los accidentes laborales y de tráfico. (2)

El trabajo en turnos de noche suele implicar también un caos fisiológico, así como el cambio en la duración de los días que se produce con las estaciones, que puede causar incluso un “Trastorno afectivo estacional” (TAE). Por no hablar de la vida en los polos, donde muchos días sin noche preceden a muchos otros de completa oscuridad.

En cualquier caso, en la actualidad apenas somos conscientes de los ciclos naturales de luz y oscuridad que siempre han configurado nuestro ritmo interno. La iluminación artificial, de hecho, nos ha dejado atrapados en un patrón de día largo y noche corta. Además, cada vez más gente vive en un área con una alta contaminación lumínica, lo que aumenta el riesgo de que duerman mal por la noche y más durante el día.

Además, continúa Nicholls: “Con mensajes lumínicos contradictorios que ´tiran` del NSQ [la microestructura que regula los ciclos de sueño] en distintas direcciones, el intestino, el hígado, los riñones y el sistema inmunológico, como tantos otros metrónomos, pueden desincronizarse. Esto puede conllevar un mayor riesgo de sufrir cáncer, obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y múltiples problemas intestinales”.

Dormir más a mayor edad, una curiosa explicación

¿Por qué una persona joven necesita dormir más que una mayor?

Una vez concluye el estrés fisiológico de la pubertad (que lleva a los jóvenes a necesitar dormir hasta muy tarde), el reloj biológico tiende a retomar un ritmo estable. Sin embargo, a medida que nos hacemos mayores, el reloj vuelve a sufrir cambios y el despertar se desplaza a horarios todavía más tempranos.

En este sentido, con independencia del ciclo luz/oscuridad una hormona, la melatonina juega un papel clave en la regulación del sueño. Y es que esta molécula resulta ser muy buen indicador de en qué punto del ciclo molecular se encuentra el NSQ. Es decir, en que momento del ciclo circadiano propio nos encontramos. Esto explicaría entre otras cosas por qué los adolescentes pueden aguantar despiertos incluso hasta altas horas de la madrugada: conforme se van haciendo mayores, el inicio de la liberación de melatonina se retrasa de forma progresiva, y por la noche cada vez permanecen despiertos hasta más tarde. Por lo tanto, tanto la luz como la melatonina son fundamentales para mantener el ritmo circadiano en el tiempo correcto. Nicholls apunta que quizás el hecho de que el reloj biológico varíe con la edad se deba a alguna exigencia de nuestros antepasados trogloditas. Y es que si todos los miembros del clan hubieran dormido al mismo tiempo, ¿quién habría mantenido las hogueras encendidas para protegerse de los animales?

De hecho, el autor -que ha viajado a África y ha conocido de cerca a muchas y muy distintas especies animales- escribe en Duérmete ya acerca de un estudio sobre el pueblo hazda, una sociedad cazadora-recolectora del norte de Tanzania. Según cuenta, se observó durante 20 días a un grupo de alrededor de 30 individuos y se descubrió que había solo 18 minutos en los que todos dormían. (3)

¿Cuánto hay que dormir?

Como le digo, no todos tenemos por qué dormir 8 horas. Esta cifra corresponde a una simple media del sueño de la población general, lo que significa que hay gente que duerme menos y gente que duerme más. Y es que, como ya ha visto, funcionamos de maneras distintas. Por lo tanto, siempre que no excedamos regularmente el límite de 6 horas de sueño como mínimo y de 9 como máximo, no hay ninguna norma general respecto al tiempo que es necesario dormir.

Lo que sí puede hacer cada persona es calcular las horas de sueño que necesita para funcionar bien. Sus horas de sueño real deberían ocupar más del 90% del tiempo que pasa en la cama desde que se acuesta. Para calcular esa “eficiencia del sueño”, lo mejor es llevar un diario, anotando cada mañana:

  • A qué hora se metió en la cama.
  • Cuánto tardó en quedarse dormido.
  • Cuánto tardó en quedarse dormido.
  • A qué hora se ha levantado.

Anote esto durante dos semanas y después sume todas las cifras y divídalas entre 14 para calcular la media del tiempo que suele dormir. Luego tome como referencia la hora a la que quiere o tiene que levantarse cada día. Sabrá entonces lo más temprano que debe irse a la cama: quédese despierto hasta entonces. A partir de esa hora podrá ir a acostarse, ¡pero solo si está cansado!

Este simple ejercicio le ayudará a ser consciente de cuánto sueño necesita su cuerpo, su cerebro se adecuará al ritmo que usted le marque y aprovechará de verdad el tiempo que pase en la cama.

Cómo regular el sueño

Una vez que sabe la cantidad de horas que necesita dormir, le vendrán bien unos consejos que le ayudarán a que su sueño siga un patrón regular cada noche.

Lo primero, deje de intentar dormir ocho horas si ya sabe que su cuerpo solo necesita dormir seis. Si lo hace, solo acabará decepcionado tras dos horas de dar vueltas en la cama. Esto es así por un fenómeno llamado “intención paradójica”, según el cual no consigue dormirse precisamente porque está muy preocupado en intentar dormirse.

Según Nicholls no debe acostarse hasta que tenga sueño. Además, si no se queda dormido en 15 minutos, lo mejor es que se levante y salga de la habitación. Vuelva a la cama solo cuando tenga sueño y verá cómo reduce de forma notable el tiempo que invierte en quedarse dormido.

Además, dedique su habitación únicamente a dormir, ya que el cerebro recuerda pautas: si está acostumbrado, por ejemplo, a ver la televisión desde la cama, su mente puede estar alerta esperando a que la encienda cada vez que se acueste.

Y si su problema es que no consigue relajarse porque tiene muchas preocupaciones, un buen truco es ponerlas por escrito. Anotar sus pensamientos le ayudará a despejar la mente y le evitará despertarse durante la noche.

La luz, su mejor aliada

Otra solución, que ya se está implantando en hoteles e incluso en unidades de cuidados intensivos en hospitales, es la del uso de luces inteligentes. Según la hora del día, estas modifican sus longitudes de onda, lo que puede ayudar a sentirse más alineado con el sol.

Las luces intermitentes también podrían constituir un modo efectivo de tratar los trastornos circadianos, como sugieren ciertos experimentos realizados sobre ratones y humanos. Así, para regular el propio ritmo cada uno de nosotros podría recibir una serie de pulsos cortos de luz mientras duerme, tan breves que no impedirían echar una cabezadita ni alterarían el sueño.

Ya lo sabe: si nota que no duerme lo suficiente es posible que necesite regular su ritmo circadiano. Siga estas indicaciones y verá cómo se siente más descansado.

NUTRICIÓN ORTOMOLECULAR

CÓMO LA NUTRICIÓN ORTOMOLECULAR PUEDE AYUDARTE A EVITAR PATOLOGÍAS CARDÍACAS

Navegando por internet he encontrado este artículo que habla de la ineficacia de la terapia convencional en contraposición a las medicinas naturales y concretamente la dieta ortomolecular, redactado por el Dr. Dwight Lundell que es jefe del Servicio de Cirugía Coronaria en el Banner Heart Hospital, Mesa, Arizona, con más de 25 años de experiencia y más de 5000 operaciones a corazón abierto.

Fuente original:

http://empoderasalud.com/cirujano-reconocido-mundialmente-expone-la-verdadera-causa-de-las-enfermedades-cardiacas/

CIRUJANO RECONOCIDO MUNDIALMENTE EXPONE LA VERDADERA CAUSA DE LAS ENFERMEDADES CARDÍACAS

Nosotros los médicos con toda nuestra formación, conocimientos y autoridad, a menudo adquirimos un gran ego que nos hace difícil admitir que estamos equivocados. Así que, aquí está. Admito estar equivocado. Como cirujano cardíaco con 25 años de experiencia, con más de 5000 cirugías realizadas a corazón abierto, hoy ha llegado el momento de reparar el daño con hechos médicos y científicos.

Durante muchos años me capacité con otros médicos etiquetados como “formadores de opinión”. Bombardeados con literatura científica, asistiendo de forma continua a seminarios, los creadores de opinión hemos insistido en que las enfermedades del corazón son el resultado del simple hecho de tener niveles de colesterol muy elevados en la sangre.

La única terapia aceptada era prescribir medicamentos para bajar el colesterol y una dieta muy restringida en grasas. Insistimos que esto último sin duda disminuiría el colesterol y las enfermedades cardíacas. Cualquier desviación de estas recomendaciones se consideraba una herejía y podía resultar en una mala práctica médica.

¡No está funcionado!

Estas recomendaciones ya no son ni científicamente ni moralmente defendibles. El descubrimiento hace unos años atrás de que la inflamación en la pared arterial es la causa real de la enfermedad cardíaca,

está dando lugar lentamente a un cambio de paradigma en cómo se tratarán las enfermedades cardíacas y otras dolencias crónicas.

Las recomendaciones dietéticas establecidas desde hace mucho tiempo han creado epidemias de obesidad y de diabetes, consecuencias que empequeñecen cualquier otra plaga en la historia en términos de mortalidad, sufrimiento humano y de graves consecuencias económicas.

A pesar de que el 25% de la población toma costosos medicamentos a base de estatinas, y a pesar del hecho de que hemos reducido la cantidad de grasa presente en nuestra dieta, más personas morirán por enfermedades que afectan al corazón.

Las estadísticas de la American Heart Association indican que 75 millones de estadounidenses sufren enfermedades cardíacas, que 20 millones padecen diabetes y 57 millones pre-diabetes. Estos trastornos están afectando cada vez a personas más jóvenes, en mayor número cada año.

En pocas palabras, sin inflamación en el cuerpo, no es posible que se acumule colesterol en las paredes de los vasos sanguíneos y se causen enfermedades cardíacas y ataques. Sin inflamación, el colesterol se mueve libremente por todo el cuerpo. Es la inflamación lo que hace que el colesterol quede atrapado.

La inflamación no es complicada- se trata simplemente de una reacción natural del cuerpo ante invasores extraños tales como bacterias, toxinas o virus. El ciclo de la inflamación es una forma de proteger al cuerpo ante invasores bacterianos y virales. Sin embargo, si exponemos al organismo de forma crónica a daños por toxinas o alimentos que el cuerpo humano no está diseñado para procesar, ocurre una condición llamada inflamación crónica.

¿Qué persona sensata se expondría de forma intencionada y en repetidas ocasiones a alimentos u otras sustancias que sabe que causan daño corporal? Bueno, quizás los fumadores, pero al toman esa decisión de manera voluntaria.

El resto nos limitamos a seguir la dieta recomendada que es baja en grasas y alta en grasas poliinsaturadas y carbohidratos, sin saber que estamos causando repetidos daños a nuestros vasos sanguíneos. Esta agresión repetida produce una inflamación crónica que conduce a la enfermedad cardíaca, a los accidentes cerebrovasculares, a la diabetes y la obesidad.

Permítanme repetir eso: la lesión e inflamación de nuestros vasos sanguíneos está causada por una dieta baja en grasas, algo recomendado durante años por la medicina convencional.

¿Cuáles son los mayores culpables de la inflamación crónica? En pocas palabras, la sobrecarga de hidratos de carbono simples y procesados (azúcar, harina y todos los productos derivados) y el exceso de consumo de aceites vegetales con omega-6, tales como aceites de soja, maíz y girasol que se encuentran presentes en muchos alimentos procesados.

Visualiza lo siguiente: un cepillo duro que se frota repetidamente sobre la piel hasta que ésta se enrojece y casi sangra. Mantienes esto varias veces al día, diariamente durante 5 años. Si pudieses tolerar este cepillado doloroso, se produciría sangrado, hinchazón de la zona infectada que cada vez sería peor a medida que repite la agresión. Esta es una buena forma de visualizar el proceso inflamatorio que podría estar pasando en tu cuerpo ahora mismo.

Independiente de dónde se produzca el proceso inflamatorio, bien interna o externamente, es lo mismo. He observado el interior de miles y miles de arterias. Una arteria enferma se ve como si alguien hubiese cogido un cepillo y lo hubiese frotado varias veces contra las paredes. Varias veces al día, todos los días, los alimentos que comemos producen pequeñas lesiones, sobre las que se producen otras, causando que el cuerpo responda de forma continua con inflamación.

A pesar de que resulta tentador el sabor de unos pasteles, nuestros cuerpos responden de forma alarmante, como si un invasor extraño llegara declarando la guerra. Los alimentos cargados con azúcar y carbohidratos simples, o procesados con omega-6 para una mayor vida útil han sido uno de los pilares de la dieta norteamericana oir seis décadas. Estos alimentos han estado envenenando lentamente a todos.

¿Cómo comiendo un simple dulce produce una cascada inflamatoria que hace que te enfermes?

Imagínate derramando miel en tu teclado y tienes una representación visual de lo que ocurre dentro de la célula. Cuando consumimos hidratos de carbono simples tales como el azúcar, los niveles de azúcar en la sangre se elevan rápidamente. Como respuesta, el páncreas secreta insulina, cuya misión principal es que el azúcar ingrese a todas las células donde se almacena para energía. Si la célula está llena y no necesita glucosa, es rechazada para evitar una disfunción de los procesos que se llevan a cabo en su interior.

Cuando tus células rechazan el exceso de glucosa, se elevan los niveles de azúcar en sangre produciendo más insulina, y la glucosa se almacena en forma de grasa.

¿Qué tiene que ver todo esto con la inflamación? La cantidad de azúcar en sangre es controlada en unos rangos muy estrechos. Las moléculas de azúcar extras se unen a una variedad de proteínas que lesionan las paredes de los vasos sanguíneos. Esta lesión repetida de las paredes de los vasos sanguíneos desencadena la inflamación. Cuando sube tu nivel de azúcar en sangre varias veces al día, todos los días, es como frotar con papel de lija el delicado interior de tus vasos sanguíneos.

Si bien no puede observarlo, puedes estar seguro de que ocurre así. Lo ví en más de 5000 pacientes sometidos a cirugía durante los 25 años que llevo ejerciendo. Todos ellos tenían un denominador común: la inflamación de las arterias.

Volvamos al asunto de los pasteles. Ese producto de inocente aspecto, no sólo contiene azúcar, sino que también está elaborados con ácidos grasos omega-6, tales como los provenientes de la soja. Las patatas fritas se fríen con aceite de soja; muchos alimentos procesados se fabrican con ácidos grasos omega-6 para que tengan más larga duración. Mientras que las grasas omega-6 son esenciales- son parte de la membrana celular controlando lo que entra y sale de la célula- deben estar en equilibrio con los omega-3.

Si este equilibrio se rompe por el consumo excesivo de ácidos grasos omega-6, la membrana de la célula produce unas sustancias químicas denominadas citoquinas, que causan directamente inflamación.

Hoy en día, la dieta tipo Americana suele producir un desequilibrio muy grande entre estos dos tipos de ácidos grasos. La relación de desequilibrio puede estar en torno a 15:1, o incluso a 30:1 en favor de los ácidos grasos omega-6. Esta es una enorme cantidad de citoquinas causando inflamación. En el ambiente alimenticio de hoy, una proporción de 3:1 sería óptimo y saludable.

Para empeorar aún más las cosas, el sobrepeso que estás acarreando por comer estas comidas produce una sobrecarga de células grasas que vierten grandes cantidades de productos químicos pro-inflamatorios, lo que se suma a las lesiones causadas por los altos niveles de azúcar en sangre. El proceso que comenzó con un pastel se convierte en un círculo vicioso que con el tiempo genera enfermedades cardíacas, hipertensión arterial, diabetes, y por último, Alzheimer, si el proceso inflamatorio continúa.

No se escapar del hecho de que cuanto más alimentos procesados consumimos, más se dispara la inflamación poco a poco cada día. El cuerpo humano no puede procesar, ni fue diseñado para consumir, alimentos envasados con azúcar y remojados en ácidos grasos omega-6.

No hay otra solución para disminuir la inflamación que consumir alimentos lo más cercano posible a su estado natural. Para reconstruir músculos, consume más proteínas. Elige carbohidratos complejos, tales como los presentes en coloridas frutas, verduras. Reduce o elimina el consumo de los ácidos grasos omega-6 que causan inflamación, tales como el aceite de maíz y soja, y los alimentos procesados que se han elaborado con estos aceites.

Una cucharada de aceite de maíz contiene 7,280 mg de ácidos grasos omega-6; la soja 6,949 mg. En vez de eso, utiliza aceite de oliva o mantequilla, procedente de animales alimentados con pasto.

Las grasas animales contienen menos del 20% de omega-6 y son mucho menos propensas a producir inflamación que los aceites poliinsaturados, supuestamente saludables. Olvida la “ciencia” que te han metido en la cabeza por décadas. La ciencia que las grasas saturada por sí solas producen enfermedades cardíacas no es cierto. La ciencia que las grasas saturadas aumentan el colesterol es también muy débil. Desde que sabemos que el colesterol no es la causa de enfermedades cardíacas, la preocupación por las grasas saturadas es aún más absurda hoy en día.

La teoría del colesterol llevó a recomendar alimentos sin o con poca grasa, lo que trajo consigo la creación de los alimentos que están causando esta epidemia de inflamación. La medicina convencional cometió un tremendo error cuando aconsejó a la gente que evitara las grasas saturadas en favor de los alimentos ricos en ácidos grasos omega-6. Ahora tenemos una epidemia de inflamación arterial, la que conduce a enfermedad cardíaca y otros asesinos silenciosos.

Lo que puedes hacer es elegir alimentos no elaborados. Eliminando los alimentos que producen inflamación y añadiendo los nutrientes esenciales presentes en los alimentos frescos no procesados, revertirás años de daño en tus arterias y en todo su cuerpo casuado por el consumo de la típica dieta americana.

Dr. Dwight Lundell es jefe del Servicio de Cirugía Coronaria en el Banner Heart Hospital, Mesa, AZ. Recientemente dejó la cirugía para centrarse en el tratamiento nutricional de las enfermedades cardíacas. Es el fundador de Healthy Humans Foundation, que promueve la salud humana mediante un enfoque que ayude a las Corporaciones a promover la salud. Es también autor de The Cure for Heart Disease y The Great Cholesterol Lie.

Fuente (traducida al español): http://preventdisease.com/news/12/030112_World-Renown-Heart-Surgeon-Speaks-Out-On-What-Really-Causes-Heart-Disease.shtml

**Los contenidos entregados en este sitio tienen un propósito informativo educativo, y de ninguna manera busca reemplazar el consejo de un médico especialista o servir de diagnóstico, prescripción o tratamiento de alguna enfermedad, condición o lesión.

SOBRE EL ACEITE DE ARGAN

El aceite de argán, un verdadero regalo de la naturaleza, se extrae de los frutos del argán, un árbol que crece principalmente en la región sudoccidental de Marruecos. El hueso del fruto, parecido a una nuez, encierra una almendra de la que se extrae en frío el aceite cosmético de argán.

Como apunta Michel de Sarrieu, se necesitan de 6 a 7 árboles de argán para producir un litro de argán, teniendo en cuenta que cada árbol representa un promedio de 6 a 8 kilos de nueces. Por tanto, el aceite de argán se considera un recurso escaso y suele calificarse de aceite “milagro”.

Sin embargo, todos los beneficios que se le asocian no están demostrados. Propiedades hidratantes, terapéuticas, calmantes… ¿Cuáles son las verdaderas propiedades del aceite de argán? Michel de Sarrieu nos ayuda a discernir lo verdadero de lo falso.

El aceite de argán posee un poderoso efecto antienvejecimiento: ¡verdadero!

Gracias a su alto contenido en ácidos grasos (omega 6 y 9) y vitamina E, el aceite de argán se distingue por sus propiedades hidratantes, reconocidas científicamente. Al ser altamente nutritivo, ayuda a combatir los signos del envejecimiento cutáneo, mediante la activación de la regeneración celular y el restablecimiento del manto hidrolipídico de la piel.

Asimismo, el aceite, ideal para mejorar la elasticidad y la firmeza de la piel, protege contra las agresiones externas, como el viento y el sol. Se utiliza a diario, concentrado o mezclado con una crema, y de preferencia por la noche debido a su textura grasa.

El aceite de argán ayuda a combatir las enfermedades de la piel: ¡verdadero y falso!

Pese a que los resultados varían de una persona a otra, se ha demostrado que repercute positivamente en determinadas enfermedades de la piel, como el eccema, el acné, la varicela o el agrietamiento de la piel.

Según Michel de Sarrieu, ello se explica por su alto nivel de omega 6, un ácido graso que contribuye a calmar las quemaduras y alivia las irritaciones de la piel. Un sinfín de efectos que lo convierten en un tratamiento ideal para la piel seca o las quemaduras solares superficiales.

El aceite de argán alivia los dolores reumáticos y articulares: ¡falso!

Según Michel de Sarrieu, el aceite de argán no alivia el reumatismo ni los dolores articulares como la artrosis.

A diferencia del omega 3 (el aceite de argán contiene una cantidad ínfima), los ácidos omega 6 y 9 no poseen propiedades antiinflamatorias.

El aceite de argán es un tratamiento excelente para el cabello: ¡verdadero!

El aceite de argán es tan beneficioso para la piel como para el cabello. Lo aconsejable es aplicarlo como una mascarilla y dejarlo actuar toda la noche para lucir un cabello resplandeciente al despertar. El aceite, perfecto para el cabello estropeado, nutre el cabello en profundidad y lo deja mucho más suave.

Por otro lado, el aceite de argán puede utilizarse para nutrir y fortalecer las uñas escamosas, frágiles o quebradizas. Sumérgelas en un baño de aceite de argán de forma regular para protegerlas de las agresiones cotidianas.

Todos los aceites de argán son iguales: ¡falso!

Para empezar, no hay que confundir el aceite de argán comestible y el aceite de argán cosmético. A diferencia del cosmético, el aceite comestible procede de las almendras tostadas. Por tanto, el olor y el aroma no son iguales.

Un aceite de argán cosmético de calidad es amarillo limón, de color claro y desprende un aroma ligero. Michel de Sarrieu recomienda desconfiar de las “trampas para turistas” y los aceites que se venden en los zocos, que suelen mezclarse con aceite de oliva. Asegúrate de comprobar la composición.

 

 

aloe vera para probioticos

Aloe vera para probióticos

El aloe vera podría ofrecernos más de lo que sabemos. Esta planta podría hacer crecer a los probióticos que nos ayudan a tener una mejor salud intestinal.
El aloe vera es la planta de donde se obtiene la sábila. Esta planta es famosa por sus usos cosméticos, por ejemplo, en el cabello. Pero también es popular por sus aplicaciones medicinales porque se le atribuyen propiedades digestivas y analgésicas.
Algunos estudios recientes están investigando si el aloe vera puede ofrecer alguna ventaja en los procesos de fermentación que se usan para que los microorganismos probióticos crezcan.
Poco es más
Lo que han encontrado hasta ahora es que una concentración de 5% de aloe vera en el proceso de fermentación, promueve el crecimiento de tres lactobacilos: platarum, casei y acidophilus.
Estas cepas pueden contribuir a mejorar la salud digestiva e intestinal, y promover una mejor respuesta del sistema inmune.
También observaron que una concentración mayor, perjudica el crecimiento de esos microorganismos. Estos hallazgos podrían darle herramientas a la industria para tener mejores resultados cuando incluyen probióticos en sus productos, especialmente en yogures y leches fermentadas.
El aloe vera contiene compuestos fenólicos que tienen actividad que favorece a los probióticos mencionados. Estas características, además de sus niveles de vitaminas y otros compuestos, hacen del aloe vera un nuevo aliado para nuestra salud.
Fuentes:
• Effect of Aloe vera juice on growth and activities of Lactobacilli in-vitro – http://www.ncbi.nlm.nih.gov
Effect of Different Aloe Fractions on the Growth of Lactic Acid Bacteria – http://www.wiley.com